Palermitano: poda suave y reforma gradual para la recuperación de los olivares tradicionales
En el territorio de Grisì, en la provincia de Palermo, la olivicultura representa un elemento identitario sólido, vinculado a variedades como “Nocellara del Belìce”, “Biancolilla”, “Cerasuola” y “Giarraffa”, además de un patrimonio paisajístico de gran valor. Sin embargo, muchas plantaciones tradicionales presentan limitaciones estructurales: troncos excesivamente altos, acumulación de masa leñosa, producción desplazada hacia las extremidades y ciclos de poda drástica cada dos o tres años que generan desequilibrios recurrentes.
La intervención propuesta por el Agrónomo Vito Vitelli se basa en un
principio técnico preciso: interrumpir el ciclo de exceso de madera, corte
drástico y nueva vigorosidad mediante una poda suave y progresiva. No se trata
de intervenciones traumáticas alternadas con largos periodos de abandono, sino
de una recuperación gradual a lo largo de dos o tres años.
El primer paso consiste en el vaciado interno de la copa, eliminando la
corona excesiva e introduciendo muñones de 20 a 25 centímetros en las ramas
dorsales. A partir de estos puntos de rebrote se desarrollarán brotes
moderados, útiles para reconstruir progresivamente una zona productiva más
interna. El objetivo es crear un cono de luz con un radio aproximado de 100 a
120 centímetros. Una mayor luminosidad implica una fotosíntesis más eficiente,
menor humedad estancada y reducción de las problemáticas fitosanitarias.
En la parte externa se aplica el reajuste de la silueta, definiendo un
perfil cilíndrico de la copa. Las ramas que superan el volumen útil se
reconducen hacia el interior, limitando la expansión periférica y la formación
de madera improductiva. De este modo se restablece el equilibrio entre el
centro operativo, compuesto por raíz y tronco, y la periferia productiva.
No todas las plantas pueden recuperarse únicamente con intervenciones
suaves. En una parte de la explotación puede ser necesario programar una poda
de reforma drástica, con corte del tronco a 110 o 130 centímetros y
reconstrucción completa de la estructura mediante el método Zaragoza. No se
aplica en toda la superficie, sino conforme a una planificación plurianual
acordada con el empresario agrícola.
Los beneficios son concretos: mayor entrada de luz al suelo, mejor
secado de la cubierta vegetal, incremento de la velocidad operativa y reducción
de las jornadas de poda. Sobre todo, se restablece el equilibrio vegetativo y
productivo, evitando grandes volúmenes de madera eliminada y valorizando las
ramas potencialmente fructíferas.
Este enfoque no busca sustituir las variedades italianas por modelos
estandarizados, sino modernizar la gestión del olivar tradicional, preservando
la identidad territorial y la calidad del aceite. Estructura, luz y
simplificación operativa se convierten en las palancas clave para garantizar
productividad constante y sostenibilidad económica.
Nota editorial oficial:
Contenido original elaborado por el Agrónomo Vito Vitelli, desarrollado y
optimizado con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial con fines
divulgativos, informativos y de valorización técnica.
Actividad divulgativa realizada en colaboración con:


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