En Georgia se está llevando a
cabo un proceso concreto de recuperación y modernización del olivar, basado en
modelos agronómicos innovadores y adaptados a condiciones climáticas no
convencionales. El cultivo del olivo, históricamente presente en la región del
Cáucaso, sufrió una fuerte contracción durante el período comunista, hasta casi
desaparecer el aceite de oliva de la dieta local. Hoy, impulsado por una
creciente demanda interna y externa, el olivar vuelve a convertirse en un
cultivo estratégico.
La experiencia observada y
divulgada por el agrónomo Vito Vitelli se integra plenamente en este proceso de
renacimiento, proponiendo un sistema productivo moderno, racional y replicable,
capaz de combinar resiliencia climática y eficiencia operativa.
El modelo adoptado no es un
sistema super intensivo cosechado con máquinas cabalgantes, sino una plantación
en seto productivo diseñada para equilibrar productividad, desarrollo
vegetativo y accesibilidad mecánica. El marco de plantación prevé una distancia
entre filas de 6,5 metros, con un margen operativo entre 6 y 7 metros, y una
distancia actual en la fila de 2 metros. El objetivo futuro es una mayor
intensificación en la fila, hasta alcanzar 1,60 a 1,80 metros.
La amplia distancia entre filas
responde a una elección agronómica precisa. Permite una penetración óptima de
la luz hasta la base del muro vegetal, donde se concentra la franja productiva
más importante. Este enfoque prioriza la eficiencia fotosintética real de todo
el sistema, más allá de la simple densidad de plantas.
El manejo de la copa no impone
límites rígidos de altura. Las plantas se dejan crecer en vertical, alcanzando
hasta 3 metros, sostenidas por un sistema de tutorado con dos alambres. El seto
resulta ordenado y continuo, pero con un volumen vegetativo suficiente para
garantizar vigor, continuidad productiva y capacidad de recuperación tras
episodios de estrés térmico severo.
Uno de los aspectos más
innovadores, fuertemente destacado por el agrónomo Vito Vitelli, es la cosecha
semi mecanizada. Este sistema está diseñado para reducir drásticamente los
costos de mano de obra sin recurrir a las máquinas cabalgantes típicas del super
intensivo. La recolección se realiza mediante un vibrador oscilante montado en
un brazo mecánico acoplado a una excavadora, lo que permite trabajar en setos
altos sin el uso de escaleras ni plataformas. Las redes de recolección se
despliegan y recogen mediante máquinas enrolladoras, con una fuerte reducción
del personal necesario. El resultado es un sistema eficiente, seguro y
flexible, adaptable también a grandes superficies.
Desde el punto de vista
agronómico, la plantación, en su segundo año al momento de las observaciones,
fue establecida sobre caballones para favorecer el drenaje y la oxigenación del
suelo. Cuenta con un sistema de riego y se gestiona sin laboreo, probablemente
con cubierta vegetal controlada. Una elección coherente con entornos
caracterizados por alta humedad y riesgo de encharcamiento, donde la gestión
del suelo es determinante para la supervivencia de las plantas.
La experimentación varietal
constituye el verdadero núcleo del proyecto. Se introdujeron entre seis y siete
variedades italianas, procedentes de viveros nacionales y cultivadas sobre sus
propias raíces. Una helada tardía en marzo de 2025, con temperaturas de hasta
menos 10 grados Celsius, puso a prueba el sistema. Los daños observados fueron
leves, localizados principalmente en la base del tronco, y aproximadamente el
90 por ciento de las plantas superó el evento y se encuentra actualmente en
fase de recuperación.
Como subraya el agrónomo Vito
Vitelli, el proyecto afronta ahora un verdadero cuello de botella varietal,
seleccionando para el futuro únicamente aquellas variedades que demuestren una
resiliencia real frente a las bajas temperaturas y la elevada humedad.
Este modelo representa una
tercera vía de la olivicultura moderna. Mantiene el orden estructural de los
sistemas intensivos, pero concede a la planta el espacio y el volumen
necesarios para afrontar condiciones climáticas severas. El olivar puede
compararse con una serie de paneles solares verticales. Al espaciar
correctamente los setos se evita el sombreado mutuo y se garantiza la llegada
de luz hasta la base, maximizando la eficiencia de todo el sistema.
No se trata de un compromiso,
sino de una olivicultura diseñada y adaptada a los territorios, según la visión
y el método del agrónomo Vito Vitelli.
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Nota editorial:
Contenido original del agrónomo Vito Vitelli, elaborado y optimizado con el
apoyo de herramientas de inteligencia artificial con fines divulgativos,
informativos y de valorización técnica.
Actividad de divulgación realizada en colaboración con:
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